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sábado, 12 de noviembre de 2011

Dos retablos de San Roque en Vinaròs

Panel cerámico de San Roque, en la partida de su nombre en Vinaròs

LA VENERACIÓN DE LAS IMÁGENES
En la sesión número veinticinco del Concilio de Trento, celebrado en el siglo XVI, se estructuró un Decreto sobre las imágenes, en el que se señalaban las características que debían seguir éstas y las funciones a cumplir. Distinguía dos tipos de imágenes:
a).- Dogmáticas, que defendían los dogmas de la Iglesia Católica frente a los protestantes, como Cristo, la Virgen, algunos santos (Pedro y Pablo), Apóstoles y Evangelistas, Padres de la Iglesia y Virtudes teologales y cardinales.
b).- Devocionales, aquellas que aludían al resto de los santos, los que eran más venerados por tradición o los extraídos del santoral hispano-visigodo o mozárabe. También dentro de este grupo se encontraban los llamados santos de las necesidades o taumaturgos que combatían las pestes y las catástrofes, como san Roque, san Sebastián, san Antón y san Miguel Arcángel.

Además de estas imágenes tradicionales, se añadieron las introducidas por las órdenes religiosas, sus santos propios y nuevas advocaciones de la Virgen. Los dominicos aportaron la Virgen del Rosario; los franciscanos la Virgen de los Dolores; y los carmelitas la Virgen del Carmen. Después del Concilio de Trento la devoción mariana invade la iconografía con “nombres topónimo” que surgen del lugar de las apariciones en toda la geografía del catolicismo, como la de aquellas otras hagiografías médicas y preventivas que, de una u otra manera, se invocaban como protectoras de la salud y eran utilizadas como remedio para alejar las enfermedades.
Durante la Edad Media, las dimensiones espectaculares que alcanzaron las enfermedades contagiosas dieron lugar a una singular cultura médica y de tratamiento. Con verdadero pavor se hablaba de ellas y el afán por prevenirlas condujo a una especial veneración hacia aquellos santos, como san Roque, cuya intervención divina se consideraba más eficaz. Además de éste, otras advocaciones fueron elegidas siguiendo la costumbre general, como abogados y protectores locales durante determinadas epidemias públicas, así pues tenemos a los santos Justo y Pastor; o san Juan Bautista; san Vicente Diácono; san Antonio de Padua y san Juan Evangelista. La imagen de san Roque se asoció con otros santos sanadores de la peste que solían ser representados conjuntamente en retablos y pinturas, en especial con san Sebastián.

VIDA DE SAN ROQUE
Sant Roc nació, según la tradición, en Montpellier (que entonces formaba parte del Reino de Mallorca) hacia 1295, pero más probablemente este hecho debió ocurrir durante la primera mitad del siglo XIV. Entre los santos sanadores, en este caso contra la peste, quizá sea San Roque el más popular de todos. Cuentan de su vida, que tras repartir sus pertenencias entre los pobres, se marcha como peregrino a Roma, ciudad donde vivió tres años; recorrió gran parte de Italia y se dedicó al cuidado de enfermos afectados por la peste. Contagiado de tan penosa enfermedad, se retiró a un monte donde, por mediación divina, fue atendido por un ángel que le curaba las heridas y un perro que le proveía de comida. Murió seguramente en Voghera, a pesar de que también existe la hipótesis de Montpellier. Sant Roc no es un santo históricamente verosímil y, probablemente, su leyenda, basada en otras de anteriores personajes, creó una nueva figura totalmente ficticia.

 Hornacina de la calle Sant Roc de Vinaròs, con la imagen de azulejos del Santo.

 HORNACINA DE LA CALLE SANT ROC DE VINARÒS
Antiguamente se solía poner una hornacina con la imagen de Sant Roc en los caminos que llevaban a las ciudades o sobre la puerta de acceso al recinto amurallado como protección para evitar que entrase la peste en la población. En Vinaròs, aproximadamente en el lugar donde se encuentra este plafón cerámico, existía una de las puertas principales de la muralla que cercaba la Villa, estaba orientada hacia el oeste, en dirección a la montaña y los campos de cultivo, era la porta de Dalt o el portal d’Amunt, cuya salida se ramificaba en tres importantes caminos, uno el de Ulldecona, otro el de Cálig y por último el de Benicarló.
Este panel se halla ubicado en la calle de San Roque, sobre la fachada de la casa situada en el nº 4, y dentro de una profunda hornacina de forma abovedada. La calle de San Roque (antigua calle Cordera) es un pequeño callejón sin salida frente a la plaza Parroquial. Posiblemente, junto a ella se encontrara la antigua iglesia gótica de la población derribada a finales del siglo XVI, mientras se levantaba la nueva (1586-1597), y quizá también formaba parte de la muralla. La devoción a este santo taumaturgo en Vinaròs, se debe a su condición, junto a San Sebastián, de protector contra la peste. El año 1683 el Consell Municipal lo proclamó patrón menor de la Villa, y en 1702 tuvo el honor de coronar un lateral en la portada barroca de la iglesia Arciprestal.

La composición de azulejos podemos catalogarla como un retablo de finales del siglo XVIII o principios del XIX (siempre que se trate del original). Está formado por doce azulejos polícromos: tres de ancho por cuatro de alto. El dibujo de Sant Roc, está realizado mediante trazos de fino perfil que dan lugar a una figura casi “manierista” (hombro estirado, el giro de la cabeza, manos delicadas). El conjunto de la escena imita un altar con dos columnas, una arcada y un fondo de mármol. Habitualmente la iconografía tradicional del santo presenta escasas variaciones y atiende a su retrato hagiográfico como patrono de la peste.
En este retablo, San Roque aparece representado con atuendo de peregrino. Su hábito consiste en un traje largo, una amplia capa y una esclavina de cuero con dos conchas o veneras como emblema distintivo de jacobeo. Porta un bordón (bastón alto con una punta de hierro y una diminuta calabaza -para el agua- en el otro extremo) y va calzado con un par de borceguíes. Se cubre la cabeza con un sombrero de alas y su mano descubre una úlcera situada en el centro del muslo de la pierna derecha. Va acompañado de un perro auxiliador que le ofrece un pan que lleva sujeto en la boca. Como curiosidad, en el caso de Vinaròs, no se representa la imagen del ángel protector, tampoco se halla el zurrón que servia para transportar los alimentos. Otro elemento menos común, como la corona imperial que suele ponerse a los pies del santo, tampoco aparece en la escena.

Retablo de Sant Roc situado en la ermita de su mismo nombre en Vinaròs, de 1890 c.

RETABLO DE SAN ROQUE EN LA PARTIDA DE LES SALINES
Ubicado en una sénia (casa rural) frente a la era de Sant Roc, en la partida de Les Salines y a pocos metros de la pequeña iglesia dedicada al Santo.  El origen de la fundación de la capilla se remonta al año 1885 cuando una terrible epidemia de cólera dejó una gran mortandad en Vinaròs. La tradición narra como un pastor de la familia Serret que vivía en la partida Salines, temeroso de contraer la peste,  imploró al santo su protección y como se libró del contagio, unos años después, en 1891, dio las gracias a la iglesia del convento de San Francisco, y al año siguiente (1892) hizo donación de una imagen de Sant Roc y de un panel de azulejos.
Tanto la imagen como el retablo se colocaron en la era de Serret, en una capilla al lado de su casa. Años más tarde, en vista de la creciente devoción al santo, se planteó la conveniencia de construir una ermita. Para este fin se compraron unos terrenos al lado de la heredad de Serret. El día 17 de agosto de 1913 principiaron las obras de la ermita que se pagaron gracias a las limosnas recogidas. Finalmente la ermita se inauguró el día 22 de agosto de 1925. El edificio de la ermita se hizo adecuando una típica casa rural de las que en la segunda mitad del siglo diecinueve se construyeron por los campos del llano de Vinaròs, las conocidas como casetes de volta de rajola de l’ú. A la edificación preexistente se añadió una espadaña para la campana y un pequeño atrio.
Esta pequeña ermita fue derruida el año 1962 para hacer el nuevo trazado de la carretera nacional 340, y se construyó el actual ermitorio, hecho de ladrillo, proyectado por el aparejador José A. Gómez Sanjuán y construida por Joaquín Boix, a escasos metros al sur de donde estaba la anterior, sobre un trozo de finca que quedó tras la expropiación. El Ministerio de obras Públicas contribuyó económicamente a su construcción la cual quedo finalizada en 1965.

COMPOSICIÓN E ICONOGRAFÍA
Se trata de un retablo de 3 x 1/2, 1, 1/2 (9 azulejos) de 21 x 21 cms. Colocado sobre una ventana cegada formando un nicho de unos 20 cms. de profundidad. El panel muestra al santo como peregrino, según la iconografía tradicional. En el centro San Roque con sobrero de peregrino echado a sus espaladas, ataviado con la capa o sobrepelliz con conchas de peregrino incrustadas, y un vestido de faldón corto, nos muestra la llaga de su pierna izquierda. Con su mano derecha sostiene el cayado con la calabaza. Lleva calzados unos borceguíes y su cabeza está rodeada de una aureola luminosa. A sus pies, un perro con un pan en la boca. Ubicado en un paisaje, con un gran edificio a su izquierda (una iglesia o monasterio) y unas casas más lejanas a la derecha. A los pies, la inscripción: SN. ROQUE. El plafón va enmarcado doble filete amarillo y naranja. Destaca por su cuidado dibujo academicista y una buena perspectiva. Obra plenamente pictórica. Policromía: Azul, marrón, verde, amarillo, morado. Datación del año 1892. Manufactura fábricas de valencia.

LA DEVOCIÓN A SANT ROC
San Roque tuvo una enorme difusión y devoción por todo el Reino de Valencia sobre todo a partir del siglo XVIII. Su fama en Vinaròs es importante como santo protector contra las epidemias y la peste. En el siglo XIX, la ciudad se vio afectada en diversas ocasiones por crisis epidémicas, las más mortíferas se dieron en los años 1834, 1854 y 1885. Es probable que fuera colocado (aquí o en otros lugares) para la protección de los vecinos temerosos de dicha enfermedad virulenta. Es el santo cuya representación más se repite en las calles de los pueblos del Maestrat. La festividad de Sant Roc tuvo mucho predicamento en Vinaròs. En la década de 1940-1950 su fiesta se celebraba con gran participación de público. Entonces era tradicional que la noche antes del final de semana siguiente al 16 de agosto, hiciesen baile en la era de Sant Roc que todavía existe. Allí está la hornacina donde hay un panel cerámico de San Roque. Borrás Jarque, en el capitulo XXII (1912-1916) de su Historia de Vinaròs nos habla sobre este tema.

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